La vida puede cambiar en un minuto
Los aficionados al fútbol, lo somos porque tenemos nuestro equipo favorito. Siempre es más divertido identificarse con un color para defender sus intereses en el campo y en el salón de casa. Pero es extraño el comportamiento de los españoles. Ayer, todos los reunidos ante el televisor para ver el partido de cuartos de la UEFA, éramos getafenses. Es extraño cómo nos solidarizamos con el “débil”. Aunque ayer, los supuestos débiles le plantaron cara a la fiera alemana hasta el último minuto de un partido de infarto. Y quien dice minuto, dice segundo, cuando la mala suerte les dio la espalda y el sueño imposible pero hasta entonces real se convirtió en pesadilla.
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Sí, Señores, porque lo que hizo ayer el Getafe en el campo fue una lección magistral de cuáles son los valores que hacen grandes a las personas, inolvidables a los equipos e históricas sus victorias. Toda una lección de humildad, de ganas, de buen fútbol, pero, sobretodo, de ilusión. Ilusión por ganar y demostrar que no se es vencedor ni por los nombres que conforman un equipo, ni los títulos ganados en el pasado, ni los presupuestos astronómicos. Que lo que reina en el campo es la ilusión, la esperanza del pez pequeño de comerse al grande. Y ayer el Getafe se merendó al magnánimo Kahn y su Bayern de Munich, porque si en ocasiones, más vale mañana que fuerza, en el campo, más vale esperanza e ilusión, que confianza y soberbia.

