Sudáfrica da una lección contra el racismo
Lo mejor de la Copa Confederaciones no ha sido el gran futbol desplegado. De hecho, hubo que esperar a la última jornada para disfrutar algo viendo los últimos minutos de la semifinal y la gran final. Lo mejor de la Copa Confederaciones no ha sido el estruendoso ruido de las malditas trompetas. Por cierto, deberían prohibir la presencia de ese juguetito de plástico en el próximo Mundial. Un ratito hace gracia, pero escuchar ese zumbido durante todo el partido es aborrecedor. Si ya cansa por la tele, en el estadio tiene que ser cansino hasta decir basta.
Lo mejor de la Copa Confederaciones ha sido la comprobación de que la integración racial sí es posible. En la prensa española hubo una alarma generalizada por el supuesto trato que recibía el central sudafricano Mathew Booth. Los periodistas españoles hablaron antes de tiempo y acusaron a la afición local de racista.
Y es que lo que para la prensa nacional eran abucheos, en realidad eran gritos de adoración por el único componente blanco de los bafana bafana. Todo el estadio gritaba su nombre (Booooth, Boooooth!!) porque el central es un auténtico ídolo en su país. Sin embargo, en España se vertió una falsa acusación racista sobre la afición sudafricana. Muchos pensaron que los gritos eran de discriminación racial (buuuuu, buuuuuu!!), como sí sucede en algunos campos de Europa y, como no, de España.
Por si alguno todavía tiene dudas al respecto, deberá bastarle el dato de que Mathew Booth está casado con una mujer negra. Más concretamente, una espectacular modelo sudafricana, con la que tiene dos hijos. Sea como fuere, el caso es que Sudáfrica ha dado un gran ejemplo de integración racial. Ojalá esto sirva de ejemplo para el resto del planeta.
Por Jorge Marquez • 29 de Junio, 2009 • Categoria: El dedo en la llaga

