La paciencia es la madre de la ciencia

Tan sólo han hecho falta seis jornadas para que los presidentes se cobren su primera víctima. Supongo que es lo más sencillo para el propietario de turno, pues echando al entrenador consigue acallar las protestas de su afición. En este caso, la china le ha tocado a Manolo Zambrano, ex entrenador del Recreativo de Huelva. La destitución es, a todas luces, injusta. El conjunto onubense es un conjunto diseñado para luchar por la salvación hasta final de temporada y la permanencia no se consigue en tres semanas.

El presidente del Recreativo, Francisco Mendoza, ha dicho que el cese no ha sido por capricho y que el equipo lo necesitaba. Desde luego, no sé si ha sido por capricho pero, lo que sí está claro es que no era lo que el equipo necesitaba. Y es que a veces da la sensación de que los presidentes dirigen un club como si fueran niños jugando al monopoly. Compran y venden a su antojo, sin importarles el dinero, como si no fuera suyo. Hacen y deshacen cuando les viene en gana y sin mayor argumento aparente que un “creo que es lo mejor”. Da la sensación que toman todas sus decisiones en caliente y que nunca se paran a meditar y analizar la situación con mayor sensatez.

Además, parece que nunca aprenden de sus propios errores o de la experiencia que se supone que atesoran. Los presidentes ya no son lo que eran. Antes eran una especie respetada e idolatrada, unos personajes mediáticos que hacían que el equipo de turno saliera en los periódicos. No hay más que recordar a los Caneda, Gil o Ruiz Mateos. Por aquel entonces, sus decisiones eran graciosas e, incluso, acertadas. Hoy en día, el presidente es una especie apática, sosa y apagada. Parece que vive oprimido y sobrepasado por los acontecimientos. Ahora, en cuanto el equipo va mal, la afición mira al palco y el presidente se encarga de fusilar al entrenador de turno. En fin, supongo que será lo más fácil, que no lo mejor.

Quizás deberíamos aprender de los que inventaron este deporte. En Inglaterra, no existe la cultura de mandar a los entrenadores al paredón. De hecho, lo normal es que allí un entrenador sea como una especie de funcionario. Aquí sería impensable que sucediera lo que ocurre en las Islas Británicas, donde Alex Ferguson lleva más de veinte años dirigiendo a un mismo equipo, o Arsene Wenger ya ha sobrepasado la década como responsable del Arsenal. Por lo tanto, deberían aprender los presidentes españoles y construir un proyecto de verdad, que no esté sujeto a los resultados y que deje trabajar a los encargados del mismo. Porque hay que tener más tranquilidad y ya saben lo que dice el dicho: la paciencia es la madre de la ciencia.

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Por Clemente Garrido • 8 de October, 2008 • Categoria: El dedo en la llaga

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