Uno de los grandes
Cañizares jugó el domingo su último partido con el Valencia. 46 veces internacional y cuatro trofeos Zamora le avalan. Un tanto polémico y odiado por aficionados de los equipos contrarios, principalmente por su imagen (en los últimos años, su pelo teñido rubio platino llegó a ser imitado incluso por Beckham) no lo hacía por llamar la atención, aunque lo conseguía: “Me encontraba deprimido, estaba lesionado en un tobillo para tres meses, y decidí cambiar de look para animarme”, y le fue bien.
En la Copa del Mundo de Corea-Japón, fue la única ocasión que cambió su pelo al rojo. Pero lejos de darle fuerza, pisó una botella de colonia rota en el hotel, y se lesionó, perdiendo la titularidad, que le arrebató Casillas.
La historia se repitió al llegar al Real Madrid. Procedente del Celta, donde había destacado, pasó cinco años ensombrecido, primero por Buyo, y luego, cuando parecía que iba a poder ser titular, fue Illgner, quien hizo aumentar en Cañizares el síndrome “Bugno”, el gran ciclista italiano que siempre corrió el Tour a rebufo de un tal Induráin, que le impidió comerse una rosca en toda su carrera.
Esos han sido sus malos momentos futbolísticos, pero no los olvida, de todo se aprende. Se ha servido de la práctica del Judo, del que es cinturón negro, para mejorar sus cualidades y reflejos. En el Valencia, donde ha pasado diez temporadas, ha conseguido dos Ligas, dos Copas del Rey, una UEFA, dos finales de “Champions”, pero sobre todo, dos cosas: la titularidad indiscutible (por encima de la competencia de otros grandes porteros) y el respeto de la gran mayoría de los aficionados.
Santiago nunca olvidará aquel 17 Noviembre de 1993: España se jugaba el pase al Mundial de USA94 en Sevilla y contra la Dinamarca de Laudrup. No se habían cumplido diez minutos cuando Zubizarreta era expulsado, y un joven guardameta de 23 años debutaba. Su partidazo junto con un golazo de Hierro, nos clasificó. Fue su gran momento.
“Si no llega una oferta que me atraiga, me retiraré”. Con su misma edad y un día antes, otro gran guardameta alemán, Oliver Khan era homenajeado con una gran fiesta en Munich. Aclamado por su afición, decía adiós a catorce años con el equipo germano.
En estos últimos cuatro meses, el capricho de un Presidente llamado Juan Soler (millonario por sus negocios inmobiliarios, de la cultura del pelotazo y el ladrillazo, razón única que le movió a postularse como máximo accionista de un club de algo tan distante y desconocido para él como el fútbol) ha provocado que Cañizares no tenga un homenaje tan merecido y multitudinario como el de sus varias veces adversario.
A modo de los clubs de Basket, que cuelgan la camiseta de sus jugadores más ejemplares, en lo alto del pabellón, el Valencia, quizás algún día tenga que anudar en el poste de una de las porterías de Mestalla, una toalla roja, la misma que utilizó “Cañete” durante 415 partidos, con su nombre inscrito y el escudo del Valencia bordado. Para rendirle de esta manera un homenaje merecido y más apropiado, que le fue hurtado, por las malas artes de una marioneta de un cafre apodada “Tintín”.
Por Javier Iglesias • 20 de Mayo, 2008 • Categoria: Liga Española, Polémicas

