¿Solución Mourinho?
Se habla de Mourinho y Mourinho puede ser el futuro. Pese a la meritoria victoria ante el Celtic de Glasgow, la afición azulgrana ve como las cosas empiezan a enderezarse. En el Celtic Park se vio cómo el equipo presionó durante todo el partido, cómo movió el balón con rapidez y cómo las estrellas de la plantilla brillaron en mayor o menor medida, pero al menos en los parámetros que se les requiere. Es pues curioso que sea ahora que los hombres de Rijkaard han recuperado un poco su mejor tono físico que vuelva a la palestra el nombre del entrenador portugués José Mourinho, ex del Chelsea y del Oporto entre otros.
La relación de Mou con el Barcelona viene de largo. Son pocos los que entendieron de primeras cuál era la función de ese jovenzuelo luso al lado de Bobby Robson cuando el entrenador británico firmó por el Barcelona en la temporada 1996-97. Tenía un porte pretendidamente elegante, aunque más parecido a un playboy de película playera que a un aristócrata británico. Su papel oficial y oficioso era el de traductor, o al menos esta era la función más visible que hacía en Can Barça. Este trabajo era algo raro sobre todo en un club tan profesionalizado como el Barça, que puede recurrir en cualquier momento a un traductor homologado. Sea como y para lo que fuera, Robson, veterano de mil guerras, decidió llegar a Barcelona acompañado de un joven y desconocido Mourinho. Después de un año en que un Barça más autogestionado que nunca ganara una Copa del Rey, una Recopa de Europa, y se quedara a un suspiro de la Liga, Robson volvió a las islas, mientras que Mourinho decidió seguir en la disciplina azulgrana, esta vez acompañando a Louis van Gaal. En el año 2000, cuatro años después de su llegada al club, el entrenador portugués volvió a su país para empezar una carrera como primer entrenador. Su marcha de can Barça no preocupó a casi nadie. Quizás sólo aquellos que tanto se habían reído de Mourinho y que incluso habían lanzado bulos sobre una supuesta relación amorosa con el propio Robson, podían sentirse huérfanos de un objetivo de sus críticas. ‘Mou’ volvió a su país. Con el tiempo saltó al Oporto, donde dirigió a una plantilla casi anónima para ganar una Copa de la UEFA y una Liga de Campeones. Fue en ese momento cuando se ganó la fama de entrenador meticuloso, inteligente, calculador y avispado. El éxito con los lusos lo llevó al Chelsea donde logró dos Premiers pero ninguna Champions, objetivo del dueño del club inglés, Roman Abaramovich. Fueron los partidos de Liga de Campeones lo que pusieron de nuevo a Mourinho en la órbita azulgrana. Sus continuas provocaciones a la hinchada culé, sus quejas de que Messi hacía teatro cuando había recibido palos por todas partes, sus desplantes a la prensa catalana… todo ello convirtió al, pese a todo, genial técnico portugués en enemigo público número uno del barcelonismo. Es por ello que es tan desaconsejable la vuelta de Mourinho al banquillo del Barça. Muchos creen que el portugués es soberbio y pedante pero que es la única persona capaz de poner en vereda a las estrellas azulgranas que han desperdiciado su enorme talento futbolístico para dedicarse a placeres más livianos. Está claro que los que apuestan por ‘Mou’ no conocen cuán rácano puede ser su juego y qué poco le importaría sentar en el banquillo al ídolo de turno. Con el portugués en el banquillo, la tensión en el Camp Nou volvería a niveles que hace tiempo quedaron atrás.

